miércoles, 30 de junio de 2010

Promiscuité

Como chacal, salí tambaleándome de la cueva del lobo
derrotado, casi caido
aturdido.
Apestando a un sudor que no es mio
vestido con piel tan áspera como sus manos
mancillado
con la nausea de una resaca asquerosa de caricias
temblando tanto, que el humo del cigarro
es una cortina de niebla
sin honores, sepulto en una tumba sin lápida mi inocencia
repulsivo a los ojos del cielo
contaminado por mi propia causa
muerto de frio, de la inanición de un abrazo
de un amigo
deshidratado y desesperado, violado
despojado con violencia de la sonrisa
olvidado
abierta una herida, profunda como nunca antes...
necesito aire