Humo de mirada calma y cabeza serena
Cáliz de mi luna y de mi sangre tinta
Pasión lúgubre en minutos no adecuados
A la luz de la leña y al frío de mis notas
Mares inmensos de insondable negrura
Salpicados de étoile eléctrica y agua malva
Bajo mis ojos pasan las letras
Como junto a la ventana del tren, los días
Huyendo del incendio que a placer me calcina
Encendido de sus dedos en mi ánima sola
Consumiendo mis ideas y torciéndolas en niebla
Dializando mi cabeza en fuego, negro violeta
Tiña de ternura
Tirria pasional
Tibia saliva amarga ausente
En la boca seca de los besos de anteayer
Y las manos adustas y los dientes rotos
Quebrados al no llover poemas en sus grietas
Corazón resquebrajado del poeta nómada
Coleccionista de Dioses y recuerdos
Odio más que a mí mismo y amo con frenesí
A la soberana de mis horas post-tardías
Sin tiempo de pensarla (la despreciaría)
Besando el olvido que mana de sus labios
Envenenando mi cabeza con tintes de amargura
En la ergástula de los celos de quien a mi lado
Yace fresca y brillante, como mora en los bosques
Cerrando finalmente mis dedos en torno a su cuello
Y penetrándola con ansiedad primitiva
Mientras su dulce plasma enarbola su esencia
Nutriendo mis dedos que empapa
Tiñendo de rojo mi piel
Y recogiendo su sangre tinta en un cuenco
Moja la pluma que versos rasga dura
Rasgadura en el papel y su cuello
Secando mi navaja en una firma...
Poeta
miércoles, 21 de abril de 2010
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